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Diario olvidado

martes, 15 de marzo de 2011

Hace mucho tiempo que no escribo en el diario, tal vez es porque no tenía la necesidad, desde que llegué al santuario he podido hablar todos los días con gente, he trabajado duro y aunque encerrado entre los altos muros de piedra me he sentido nuevamente libre de la amenaza zombi.

El antiguo monasterio estaba semiabandonado cuando estalló el holocausto zombi, o como diría Bartolomé "cuando el demonio se apoderó de la tierra", en el solo vivían cinco monjes de los cuales solo sobrevivió Bartolomé que aunque cuenta con 64 años está fuerte como un toro. El resto de pobladores del monasterio provienen de un orfanato de una localidad cercana, fue idea de Ariel que trabajaba como enfermera el traer los niños aquí. De los 27 niños que había en el orfanato consiguió que llegaran con vida 24, todo un logro dada la situación, aún así ella se reprocha a menudo la pérdida de los otros 3.

Además de los niños Ariel también trajo a su hermano Héctor, que sin ser adulto (legalmente, aunque la legalidad no sirva ya para nada) tiene 16 años y cuida junto con Bartolomé, Ariel y conmigo de los 24 restantes niños, cuyas edades oscilan entre los 7 y 12 años.

Toda mi vida me he dedicado a los ordenadores y ahora he descubierto que lo que realmente se me da bien son los trabajos manuales, al poco de llegar me dí cuanta también de mis dotes organizativas y prácticamente me puse al mando, no sin discutir de vez en cuando con Ariel, pero claro Bartolomé es un cura mayor chapado a la antigua y siempre piensa que tengo la razón.

Lo primero que hicimos fue reforzar los muros, gracias al suelo arcilloso y la paja que conseguimos de los cultivos de cereales creamos una arcilla bastante resistente, que combinada con rocas nos permitió reparar las zonas del muro mas dañadas. Una vez asegurado el perímetro realizamos un inventario de todos los víveres y utensilios de los que disponíamos, es impresionante la cantidad de cosas que acumulan los monjes.... Gracias a la colaboración de todos, conseguimos un refugio seguro, caliente y bien provisto de alimentos. En el invierno los avistamientos de zombis disminuyó progresivamente, incluso pensamos que habrían sucumbido todos al invierno, al virus que les carcomía o el demonio que les poseía, pero con la llegada de la primavera, la cosa está cambiando, ya no me siento tan seguro, hemos vuelto a ver avistamientos, pero esta vez..... nos son como antes, parecen mas fuertes, mas listos hasta... ¿mas organizados? se que suena a locura, pero tengo esa impresión.

Igual es el miedo el que me ha vuelto a escribir en el diario, todavía no lo he comentado con nadie, pero puedo ver en los ojos de Ariel que ella siente los mismo, algo va a suceder y pronto.

El Santuario

miércoles, 23 de junio de 2010

Nos adentramos en la montaña. Bartolomé me precedía con una antorcha y Ariel hacía de retaguardia con otra. Todo esto parece mas sacado de una película de corte medieval que de un holocausto zombi.

Andamos durante medía hora, de repente la gruta acabó en una pequeña pero robusta puerta de madera. Bartolomé empleó la base de la antorcha para dar tres golpes fuertes a la puerta y gritar su nombre.

Al poco la puerta se abrió y apareció un niño de unos 8 años.

- Hola padre.
- Hola renacuajo, ¡traemos refuerzos!

¿Refuerzos?¿Se referirá a mi? Pues vaya unos refuerzos, si hasta ahora no hecho mas que correr.

- Este es Anisakis, un joven y bravo luchador que nos ayudará a acabar con los diablos.
- Vamos Bartolomé, no empieces con tus discursos - Le interrumpió Ariel - Mas vale que te enseñe un poco todo esto. Sígueme.

Parece que se está convirtiendo en una costumbre esto de obedecer a Ariel, pero yo sin chistar, a seguirla.

Subimos por una escalera de caracol y accedimos a una nueva habitación, toda de piedra, parecía la habitación de un castillo, igualito que en 'El Nombre de la Rosa', al atravesar la habitación accedimos a un antiguo y amplio claustro.

- ¿Pero que es esto? - Le pregunté a Ariel.
- Estamos en lo que era un monasterio de clausura. Gracias a ello sigue siendo un lugar medianamente seguro y con alimentos. Los edificios principales están rodeados por un muro de tres metros y además disponemos de varios campos también vallados o tapiados que suman en total unas 10 hectáreas. Tenemos también gallinas, cabras, cerdos y hasta una yegua.
- Bueno, esto es el paraíso, aquí podemos estar hasta que pase el peligro. Esos bichos al final tendrán que morir o lo que sea aunque sea de aburrimiento ¿no?
- No es tan sencillo. Esto no es tan seguro como parece y además no son los zombis en si lo que mas nos preocupa. Pero eso ya te los explicaremos con detalle.

Ariel me enseño el resto de las instalaciones, cocinas, baños, cuadras y finalmente lo que sería mi dormitorio, una humilde habitación de novicio, pero con una cama y un colchón, un sueño hecho realidad.

- La cena se servirá en meida hora, hoy no hace falta que ayudes, descansa y presentate en el comedor, te presentaremos al resto de la congregación. - Con esto Ariel cerró la puerta y me dejó a solas.

Bueno, tumbado en una cama en espera de una cena. Esto es sin duda alguna un milagro, pensaba que ya nunca mas volvería a encontrar algo de civilización.

El viejo

miércoles, 9 de junio de 2010

- Bueno, ya hemos llegado - y lanza un sonoro silbido.

Estamos al lado de una montaña que tiene un gran precipicio de roca de pared lisa que asciende hasta unos 50 o  60 metros. La montaña queda a mi izquierda, en el resto de direcciones sólo se ven árboles de tamaño medio y poco mas.

De repente noto que algo se mueve a mi izquierda, en la pared de roca. Es una cuerda, miro hacia arriba y veo como la cuerda desaparece a mitad de pared.

- Sube - Me espeta el joven.

Yo, sin mediar palabra, empiezo a ascender apoyando los pies contra la pared para ir subiendo con la ayuda de los brazos. Cuando estoy casi al final de la cuerda veo que alguien me tiende una mano. Lo que parecía una pared lisa de roca esconde un entrante en una grieta.

- Cógeme la mano chaval! - Es una voz de un hombre mayor, algo cascada, como de carajillero.

Cojo la mano y acabo de subir, es una mano grande y fuerte, de alguien del campo.

- Hola chaval, me alegra ver una cara nueva, ¿Como te ha tratado Ariel?

¿Ariel?  Será el muchacho del arma.

- Pues regular, no se, no me ha dejado de apuntarme con el arma desde que me ha visto. ¿Tan mala pinta tengo?
- Jaja ¡que va, muchacho! - Lo que pasa es que es muy desconfiada

¿Desconfiada, es una mujer? Me giro y acaba de subir, retira el pañuelo de su cara y aparece el rostro de una joven de unos 25 años, quizá menos.

- Hola Ariel, ¿Que nos has traído hoy? - pregunta el viejo.
- Ya ves, un superviviente, o al menos eso dice.
- No le hagas mucho caso - dice el hombre - es muy desconfiada, sufrió mucho después de la plaga, y luego cuando ...
- ¡Bartolomé! No hace falta que vayas contando mi vida al primer desconocido que te encuentres por ahí.
- Vale, vale, tienes razón. Bueno, tu ya sabes nuestros nombres, pero ¿Cuál es el tuyo?
- Ahora me llamo Anisakis.
- Extraño nombre muchacho, extraño nombre. Bueno mas vale que nos pongamos en marcha. Pronto se hará de noche y es mejor estar en el Santuario. ¡Vamos!

 Desde luego desde que abandoné la ciudad no paran de pasarme cosas extrañas, por lo menos ahora no estoy solo y el viejo tiene pinta de bonachón, pero ¿que será eso del Santuario? ¿Y donde estará Rina?

Un día mas

viernes, 7 de mayo de 2010

El día avanza y el sol empieza a calentar. No tengo claro donde estoy, pero camino por una senda de tierra que asciende por una colina, supongo que tarde o temprano encontraré señales de vida o quizá de muerte, quien sabe.

Al cabo de un rato diviso una casa de campo rodeada por una pequeña valla, tengo sed y hambre así que salto la cerca y me dirijo a la casa. Nada mas saltar veo a un zombi, está sentado, apoyando la espalda en una de las paredes de la casa. El también me ha visto. Miro a mi alrededor, cojo una piedra del tamaño de mi mano y antes de que el desgraciado acabe de levantarse le machaco la cabeza. Se desploma ante mis pies. Voy a ver si encuentro agua.

Afortunadamente hay un depósito de agua en el techo de la casa y un grifo que hay pegado a la pared en una terraza exterior. Lo abro y dejo correr un poco el agua, bebo y me lavo la cara. La casa tiene una puerta robusta y todas las ventanas tienen reja, así que decido continuar caminando, me costaría mucho trabajo intentar entrar.

Vuelvo al camino, tendré que probar suerte en otro sitio.

Tengo la sensación de que ya no tengo nada que perder, que ya nada puede ir a peor y eso me hace sentir como si algo dentro de mi estuviera creciendo, algo que me va a cambiar y me va a convertir en alguien diferente. Camino y no vuelvo la vista atrás.

Piratas

martes, 29 de diciembre de 2009

Despierto sobre el frío suelo, estoy helado y tengo mucha sed. No se si gritar para pedir ayuda, quien quiera que me tenga retenido sabrá que estoy aquí, supongo que es inútil recordárselo. Del frío que tengo empiezo a tiritar, no puedo pensar con claridad, así que decido no pensar. Empiezo a tararear mentalmente una famosa canción pop de la década de los 90, eso me ayudará a alejarme de la celda en la que me encuentro. Se me ocurre hacer mi top 10 de canciones. Hago mi propia lista de canciones, son todas pop, el grupo mas destacado es sin duda Los Piratas, con dos canciones en el top ten.


De sopetón se abre la puerta. Debía estar tan abstraído con mi lista musical que no me he percatado que unos pasos se acercaban o quizá se hayan acercado sigilosamente, sin hacer ruido a propósito. Aparecen dos hombres, o por lo menos eso creo, llevan como escafandras y no estoy seguro de si son hombres o mujeres. Uno me apunta con un arma desde la puerta, el otro se aproxima sin interponerse en la línea de tiro, saca una jerguilla y me dice que me esté quieto. Tiene voz masculina. Yo entre lo débil que me encuentro, el frío y la impotencia que siento, no hago nada, me dejo inyectar.

De nuevo un calor me recorre al brazo y al llegar al cuello pierdo la consciencia. Los Piratas, sin duda alguna ese era mi grupo favorito.

Hace unos días

lunes, 28 de diciembre de 2009

Hace unos días estaba en la casa de campo y decidí ir a explorar el cuartel militar que sabía que estaba cerca.
Me hice un pequeño petate con una bolsa de deporte de propaganda que había en un armario. Un poco de comida envuelta en un pañuelo grande, una botella de plástico llena de agua y un suéter de lana que me estaba grande. Mis días en este nuevo mundo me han enseñado que tengo que estar preparado para todo.

Cogí el hacha y el petate y junto con Rina fui a explorar el cuartel. En menos de hora y media caminando a un buen ritmo me plante a unos 500 metros del éste, durante ese periodo de tiempo no me crucé con nadie, solo campos, chalets y casas de campo cerradas a calicanto.

Estudié el cuartel a lo lejos, el muro con la alambrada parecía intacto, la puerta principal estaba reforzada con sacos de arena y muchas mas alambradas. A ambos lados de la puerta habían nidos de ametralladoras en lo alto, pero no parecía haber nadie. Tampoco había señal de que los zombis hubieran podido entrar en el recinto.

Me acerqué con cautela, utilicé el pañuelo de envolver la comida como bandera atado al hacha y la iba agitando de un lado a otro, por si había alguien que no me confundiera con una de esas criatura. Rina permanecía a mi lado todo el tiempo, alerta, ella también había aprendido a desconfiar.

Me planté delante de la puerta, había restos de manchas de sangre reseca en el asfalto, pero ni rastro de cuerpos ni de casquillos de bala, tampoco había nadie en los nidos de ametralladora, aparentemente estaba desierto. Una sensación extraña me invadía, había algo raro en todo aquello, sin gente, pero también sin zombis, sin cuerpos, sin vehículos cruzados en la carretera parecía todo tan extrañamente ordenado y hasta limpio.

Empleé los sacos para construir una escalera y poder saltar el muro y la alambrada. Rina pululaba a mi alrededor nerviosa, pero por mas que yo prestaba atención a todas partes no conseguía divisar ningún movimiento.

Una vez en lo alto del muro cuando llamaba a Rina para que me siguiera, note un impacto en la espalda, como si un gran aguijón de hubiera atravesado, un calor me recorrió desde el omóplato hacia el cuello y ya está, no recuerdo nada mas.

Supongo que debí caer desde el muro y me golpeé en la cabeza, de ahí el chichón ensangrentado. Me toco el lugar donde sentí el dolor del aguijón y noto como si me hubieran pinchado con una jeringuilla, debieron dispararme con un dardo tranquilizante. ¿Pero quien? ¿Y porque me retienen como a un preso?

Estoy agotado, exhausto, me tumbo y al poco me invade un profundo sueño, no quiero dormir, pero no puedo luchar contra el, así que me quedo dormido profundamente.

El pasillo

domingo, 15 de noviembre de 2009

Estoy en un pasillo, hay un fuerte olor a humedad como el de una cueva, pero es un olor que se mezcla con otro olor conocido, como ese que hay en los hospitales. Se que no es un hospital, aunque se que en las habitaciones que hay en ambos lados del pasillo hay enfermos, al menos uno por habitación. Las habitaciones tienen todas un número, delante de cada número hay una letra, la S, y después de cada número hay otra letra. La letra posterior puede ser de tres colores, verde, roja o amarilla, como en los semáforos. Las puertas de las habitaciones son de metal y todas están cerradas por un gran pestillo por fuera. El pasillo se prolonga haciendo una curva a la derecha hasta que se pierde de vista. Está iluminado con tubos de neón, no hay ventanas, solo puertas a ambos lados y la hilera de tubos de neón que recorre en techo partiéndolo en dos mitades exactas.

Yo no estoy enfermo, eso también lo se. Se que tengo que avanzar por el pasillo. Se que al final del pasillo encontraré la respuesta a todo lo que está pasando.

Comienzo a caminar, sólo se escucha el ruido de mis pasos, tengo que darme prisa, no se exactamente porque, pero tengo que darme prisa. Empiezo a correr, cada vez mas rápido, el pasillo es todo el rato igual, no varía, empiezo a dudar de que tenga final. De repente empiezan a abrirse las puertas, ya no hay cerrojos, y empiezan a salir zombis por todas partes, intento correr mas rápido, pero acaban atrapándome.

Me despierto entre sudores, era un sueño tan real, aun tengo metido en la nariz el olor de ese maldito pasillo. No se que hora es, pero es de noche. Me tumbo boca abajo e intento conciliar el sueño de nuevo.

Reconocimiento II

domingo, 8 de noviembre de 2009

El zombi intenta atrapar a Rina, se lanza y queda a cuatro patas, pero Rina es mas rápida que el y lo esquiva. La horrible criatura no se percata de que yo estoy apunto de atacarle, le doy una fuerte patada con el talón entre la cabeza y el hombro, el golpe es brutal, he empleado todas mis fuerzas. La criatura queda tendida, boca arriba, como si estuviera pensando en lo que acaba de suceder. Sin dejar pasar un instante, sin pensar, sin piedad, descargo el hacha sobre su cabeza y la clavo profundamente.

La criatura ya no se mueve. Ha sido realmente fácil. Me sorprendo a mi mismo de lo sencillo que es acabar con el sufrimiento de uno de estos bichos.

Noto una extraña sensación de poder en mi interior, como que ya no he de temer tanto a estas criaturas, como si pudiera deshacerme de ellas con facilidad. Ya maté una en la huida, o eso creo, pero fue tan rápido que sólo sentí el temor de que me atraparan.

Rina se acerca a mi, le acaricio el cuello, estoy en cuclillas al lado del cadáver. Rina ya está tranquila. Me quedo observando el rostro del zombi, no había visto a uno tan de cerca detenidamente. Tiene los labios agrietados y amoratados, la tez un tanto amarillenta, como si tuviera problemas de hígado y los ojos inyectados en sangre. A parte de su rostro desfigurado se observan manchas de sangre en su ropa, no se si realmente son suyas. Las manos las tiene sucias, con diversas heridas y sangre reseca. Me pregunto a que se dedicaría este hombre antes de transformarse, es difícil establecer su edad, pero no creo que fuera mucho mas mayor que yo. Pobre desgraciado.

Es hora de volver a casa y descansar, lavarse, comer algo, dormir y proseguir mi camino. Mañana me dirigiré al cuartel militar que está en una población no muy alejada de la casa en la que encontré a Rina.

- Vamos. - Le espeto a Rina
- Mañana iremos al cuartel, pero me tienes que hacer mas caso, que hoy me has dado un susto de muerte.

Mañana espero tener algo de suerte en ese cuartel.

Reconocimiento

domingo, 1 de noviembre de 2009

En un cajón de un mueble del recibidor encuentro un juego de llaves de la casa. Voy hacia la verja de entrada, Rina me sigue. Pruebo algunas de las llaves y consigo abrir. Vuelvo a cerrar con llave.

Empiezo a recorrer la zona, con cuidado, observando si hay algo de vida, algo que me indique que hay mas gente como yo. Vigilo también que no me sorprenda ningún zombi.

Me acerco a un chalet, doy con el hacha en la puerta y grito un saludo. Nadie me contesta. Repito esto mismo en varios chalets y casas de campo. No obtengo respuesta. Tampoco se ven coches dentro de los chalets.

Rina empieza ladrar, le digo que se tranquilice, pero está muy nerviosa. Me doy cuenta de porqué ladra, hay una de esas criaturas que se está acercando por nuestra espalda. Viene sola. Mejor será salir corriendo. Pero Rina va a por ella y se le pone a ladrar a un par de metros, nerviosa. No Rina, no te acerques. El zombi intenta morderla.

No puedo permitirlo, me lanzo en carrera con el hacha agarrada con todas mis fuerzas.

Rina

domingo, 25 de octubre de 2009

Despierto por fin, esta vez no he soñado,o por lo menos no recuerdo haberlo hecho.
Me levanto y Estrella se me acerca meneando el rabo, salgo al salón, hace un poco de frío, normal para esta época del año. Estrella se acerca a la puerta. Quiere salir al jardín.

-Espera impaciente, ahora te abro.

Vuelvo al dormitorio, me visto con la misma ropa llena de polvo con la que llegué ayer. Cojo el hacha y me dispongo a abrir la puerta con suma cautela. Al abrir Estrella sale disparada y se pone a mear junto a un limonero. No hay señales de peligro, se oye el canto de los pájaros y hace un día precioso, un día tan bonito que parece mentira que el mundo entero esté lleno de zombis hambrientos.

- ¿Estrella, tienes hambre? Vamos a desayunar.

Estrella me acompaña dentro de la casa. Cierro la puerta de nuevo, me da mas tranquilidad, aunque la casa está rodeada por una valla. Abro la despensa, hay Nestcafé y magdalenas en una bolsa. Pienso que es una suerte poder desayunar como es debido. Abro el grifo y caliento agua en un cazo, por lo que pesa la bombona voy a a tener fuego para muchos días. Estrella sigue todos mis movimientos con la cabeza. Me pongo el vaso hasta arriba de agua bien caliente y le echo Nestcafé y azúcar. Empiezo a mojar magdalenas.

- Bueno Estrella, la verdad es que no me gusta mucho tu nombre. ¿Que te parece si te rebautizo?
- Te voy a poner Rina - Me mira, parece que hasta me entiende.
- Para celebrar tu nueva identidad toma este trocito de magdalena. No te acostumbres que no vamos sobrados de comida y tu tienes casi dos sacos de la tuya.
- ¿Y ahora que vamos a hacer? No te preocupes, no te voy a abandonar, eres mi única amiga.
- Deberíamos ir a buscar mas gente, seguro que tiene que haber algún grupo organizado, pero eso ya lo haremos mañana, hoy vamos a asegurar la zona y ver lo que tenemos alrededor.
- Rina, no me mires así, ya te he dicho que no te iba a dar mas magdalena. Bueno toma otro trocito.

Cuando todo va mal llega un momento que se toca fondo. Una vez se está en el fondo, solo se puede nadar hacia la superficie, no hay otro camino, no se puede ir a peor. Ahora voy a nadar con todas mis fuerzas hacia arriba, para salir y sobrevivir. Rina estará conmigo.

Sueño

miércoles, 21 de octubre de 2009

Me despierto y estoy abrazado a ella, me arrimo mas si cabe y la abrazo con fuerza. Pienso, que es una suerte poder despertarme cada mañana a su lado. Acerco mi cara a su pelo e inspiro, me encanta como huele cuando está durmiendo.

Cierro los ojos y noto su cuerpo al lado del mío, su calidez, su suavidad. Me quedo así, sin moverme durante un rato, acompasando nuestras respiraciones.

- Buenos días princesa - le susurro al oído.
- Mmmmmm
- Despierta dormilona.
- Mmmmmm
- Mira que te gusta dormir, venga, me levanto y preparo el desayuno. ¿Vale?
- Vale, pero primero dame un beso - Contesta

La beso y la abrazo con fuerza, como si tuviera que aprovechar cada segundo a su lado.

Me levanto y voy a la cocina. Pongo dos rebanadas de pan en la tostadora, preparo café, té y pongo en la mesa de la cocina mermelada y mantequilla President, que es la que mas le gusta a ella.

- Venga, levanta - Le grito desde la cocina - Que tenemos que ir a comprar.
- Yo no puedo ir a comprar- me dice
- ¿Por que?
- Ellos no me dejan
- ¿Ellos? ¿Quienes son ellos?
- Pues ellos, ya sabes quienes.
- No digas tonterías, aquí estamos solos. ¡va levanta y vente!
- No, ya no puedo, ellos ya están aquí.
- ¿Pero quienes?
- Los zombis, son los zombis los que no me dejan.

Me doy cuenta de que está en peligro y voy corriendo hacia el dormitorio, pero ya no estoy en casa, no puedo encontrarla, no se donde está, no se donde estoy.

- ¡Donde estás, no te veo ! - Grito con fuerza.
- No te preocupes por mi, sigue adelante, pero estarás solo.
- ¡No, no me dejes, no te vayas!
- No pasa nada, no tengas miedo, tu eres fuerte. Y sobre todo no llores, nunca me ha gustado verte llorar.

Me despierto sobresaltado, llorando. Me acuerdo tanto de ella.
Me enjugo las lágrimas, a ella no le gustaría verme así.

Estrella se acerca y lame una mano. Sonrío.

-Ahora te tengo a ti, ¿Eh bonita?

Me relajo y vuelvo a dormir. Me acuerdo tanto de ella.

Estrella

sábado, 17 de octubre de 2009

Sigo caminando durante mas o menos media hora por la autovía. Salgo por un desvío que va a una población cercana, pero en vez de ir por el pueblo, lo rodeo por los campos de naranjos circundantes. Es una pena que sea demasiado pronto para ver naranjas en los árboles.

Continúo entre campos y carreteras comarcales. Sigo atento a lo que pueda pasar, pero recapacito sobre los últimos acontecimientos que he vivido. Los soldados me dijeron que ya no había ningún órgano de gobierno ni ley, supongo que estarían diciendo la verdad, no tiene sentido que me hayan mentido. Ahora que ya me he calmado un poco ya no me da tanta rabia que no quisieran hacerse cargo de mi, supongo que como el mundo se ha acabado, cada cual ha de cuidar de si mismo y cada cual ha de tener sus propias metas y preocupaciones. Por un momento creí que las cosas volverían a ser como antes, de algún modo claro, pero ahora estoy convencido de que sólo me tengo a mi mismo y este nuevo mundo no va a tener piedad conmigo.

Por fin llego a un camino que conozco, tampoco es que me haya costado mucho, mas o menos siempre he sabido por donde estaba gracias a mi afición dominguera de la bici. Dentro de poco empezaré a ver chalets y casas de campo, tendré que elegir una y comprobar primero si hay gente o zombis y luego conseguir algo de comida y agua.

Llego a la primera de las casas de campo, la verdad es que esta es igual de buena para probar que cualquier otra y además ya estoy cansado. Todas las emociones del día y mi carrera matutina me están pasando factura.

Echo un vistazo y no veo nada, pego un grito.

- ¡Hay alguien!
- ¡Podrían ayudarme!

No recibo respuesta, así que salto la valla que rodea la finca. La finca consiste en una casa antigua de campo, pintada en su totalidad de blanco. Las ventanas tienen rejas y la puerta principal es de esas grandes de madera que había antes, como si en algún momento se hubiese empleado para guardar carromatos. Rodeando el camino que llega a la casa hay multitud de árboles frutales, manzanos, limoneros con limones, perales, alguna higuera. Sigo avanzando hacia la casa.

- Hola. ¿Hay alguien? - Vuelvo a gritar.

No obtengo respuesta, así que sigo avanzando con cautela.

De repente oigo un ruido detrás mío. Me giro rápidamente y para mi sorpresa no es ni una persona ni un zombi. Es un perro. Me mira amenazante. Solo me falta que me persiga hoy un perro. Es una especie de pastor alemán, pero de esos que están cruzados con a saber que otra raza.

- Hola bonito. ¿No nos vamos a llevar mal verdad?

El perro me mira agacha las orejas y mueve el rabo ligeramente.

- Ven aquí - le digo y me pongo en cuclillas.

El perro se acerca, alargo la mano y le acaricio detrás de las orejas y por debajo del cuello. En seguida se tumba y se abre de piernas.

¡Anda, pero si no eres un perro! Si eres una perrita. ¿Y como te llamas?

Miro el collar, se llama Estrella. Que nombre mas feo.

- Bueno Estrella, ¿estás sola o están tus dueños por aquí? Vamos a ver si encontramos algo de comer.

Sigo caminando, Estrella me acompaña. Está muy delgada, quizá si es una casa que se emplea solo los fines de semana lleva mucho tiempo sola, sin comer.

La casa es de dos alturas, con una terraza en el primer piso. Las ventanas de la planta baja tienen todas rejas, las del primer piso no, pero están cerradas con contraventanas de madera. Rodeo la casa. Detrás hay una especia de paellero y una caseta, me acerco. Estrella me sigue. Al lado del paellero está la caseta de Estrella, y dentro del paellero un comedero de esos que depositan comida durante varios días a los animales. El comedero está totalmente vacío. Estrella tiene pinte de tener mas hambre que yo.

- A ver Estrella si encontramos algo que comer.

Me acerco a la caseta y veo que tiene una puerta sin llave. La abro son sigilo, es pequeña, dentro me encuentro el típico trastero con botes de pintura, algunas cosas viejas y por suerte para Estrella dos paquetes gigantes de comida para perros.

- Estrella, has tenido suerte.

Estrella me mira como entendiendo lo que le digo y me ladra impaciente. Cojo uno de los paquetes, el que está abierto, y le pongo un poco en el comedero. No le echo mucho, que si no le sentará mal. En seguida se abalanza y se pone a comer ignorándome. Me fijo en el bebedero y lo tiene seco, seguramente haya bebido de algún otro lugar de la finca. En el paellero hay un grifo, lo abro y para mi sorpresa sale agua clara, me fijo y en lo alto de la casa hay dos grandes depósitos de agua, típico de las casas de campo. No me extrañaría que tuviera hasta un pozo o un algibe.

Bebo agua, tenía tanta sed. Cojo el pocillo del agua de Estrella y lo lleno. Ella también bebe. Supongo que la casa está dehabitada desde la catástrofe, sino Estrella tendría comida. Ahora lo que tengo que encontrar es comida para mi. Vuelvo a la caseta y me pongo a rebuscar. Al fondo hay un arcón, lo abro y bingo! Un mazo, un hacha de mano, una hacha mas grande, una sierra, destornilladores, martillo, azada, herramientas del campo, etc...

Cojo el hacha de mano y el mazo y me dirijo hacia la casa. El hacha es mucha mejor arma que mi lanza casera. Si subo por una de las rejas podré alcanzar la terraza superior y por ahí me será mas fácil entrar que por la puerta principal.

Subo con cuidado. Estralla me ladra como diciendo - cuidado que te vas a caer-

-Tranquila que no me caigo.

Llego a la terraza sin dificultad. Introduzco el filo del hacha entre las contraventanas de y hago palanca, la madera cede y veo la ventana. Rompo uno de los cristales de la parte de abajo a la ventana con el mazo, retiro bien los cristales y meto el brazo para abrir la ventana.

Me cuelo dentro de la casa, la única luz que ilumina el interior proviene de la ventana que he abierto. Voy con cuidado, no quiero sorpresas, poco a poco avanzo por las habitaciones y voy abriendo las ventanas para que la casa se ilumine. Como me imaginaba no hay nadie. Bajo al piso inferior y repito el proceso, no sin pasar un poco de miedo. Finalmente abro la puerta principal, donde me espera Estrella.

- Me alegra verte, ven pasa, que voy a cerrar- . Estrella me sigue. Me vuelvo a asegurar de que efectivamente no hay nadie. Miro dentro de armarios, bajo las camas, detrás de las cortinas.

En la casa hay de todo, hay agua corriente, hay comida de sobra en la despensa, hay gas butano con el que podré cocinar. En las habitaciones hay ropa de cama y ropa también en los armarios. Estoy muy cansado, así que como un poco de pan tostado con un trozo de queso, bebo agua y me dirijo a una de las camas.

- ¡Estrella ven! - Me sigue, cierro la puerta con pestillo, de todos modos me he asegurado de que todo está bien cerrado. Dejo el hacha y el mazo en la mesita de noche. Me meto en la cama e intento dormir. Estoy muy cansado.

Caigo rendido casi al instante. Estrella velará mi sueño.

Fin

lunes, 12 de octubre de 2009

Estoy de rodillas esperando el fin. Un gran estruendo. Algo me sacude y me tira al suelo. Siento un dolor agudo en el hombro. Los oídos me duelen y me pitan. ¿Ya está? ¿Estoy muerto? ¿Me he convertido en uno de ellos?

Estoy aturdido, pero no estoy muerto, estoy pensando. Abro los ojos, me medio incorporo y me giro. Mis perseguidores se encuentran también en el suelo, aturdidos. Los oídos no me paran de pitar. Tengo a uno de los zombis apenas a dos metros y se está incorporando. Intento averiguar que ha pasado, mas allá, donde se encontraba el grueso del pelotón de zombis hay una inmensa columna de humo, y lo que parecen ser los restos de un camión cisterna en llamas.

¿Pero que ha pasado? ¿Un milagro? Las cosas no explotan de repente. Puede que sea una señal. Una señal para que no me rinda. Nunca he creído en los milagros, pero sin duda este es uno.

Sin darme cuenta el zombi que estaba mas cerca se ha levantado y se abalanza sobre mi. Me quedo quieto, siento terror, estoy como paralizado. De repente le estalla la cabeza. ¿Pero que pasa aquí? Parece como si le hubieran disparado, me giro y miro el horizonte, pero no veo nada.

Da lo mismo. No hace falta encontrar una explicación. Me levanto, tengo los músculos entumecidos, los oídos me siguen pitando, como puedo empiezo a correr, hay algunos zombis mas que se están recuperando de la explosión.

Mas disparos, abaten a otro bicho, ahora he visto el fuego del fusil, viene de unos arbustos que se encuentra en una especie de colina que da a una urbanización de esas de fincas que hay a las afueras de la ciudad. Corro hacia ellos. Mas disparos. Están acabando con los malditos zombi-atletas. ¡Estoy salvado! El ejército, la policía o quien sea sigue viva. Ya sabía yo que no podía ser tan catastrófico. Seguro que hay zonas seguras. Pequeños reductos, quizá cuarteles militares, que están mas preparados para defenderse.

Estoy llegando a la colina, me duele mucho el hombro, me toco, tengo un poco de sangre, algún objeto que se desprendió de la explosión debió golpearme a forma de metralla, da lo mismo, dentro de poco podré ver a un médico y hablar con mas gente.

Estoy a pocos metros del arbusto, un soldado se levante y me apunta con su fusil, me dice algo pero me cuesta escuchar lo que dice.

- No oigo bien. La explosión me ha dejado un poco sordo- Le chillo
- No te acerques
- ¡Pero, me tienen que ayudar!
- Ya te hemos ayudado, te hemos quitado de encima a un montón de zombis.
- Pero ahora que hago ¿Donde está la base?
- ¿Que base?
- Bueno, no se, como se llame donde esté el ejército, el gobierno, los médicos.
- Lo siento chaval, no hay base, ni gobierno ni nada. Lo que queda de ejército está disperso, nosotros estamos cumpliendo la última misión que nos ordenaron.
- Y que os ordenaron, ¿pasar de los civiles?
- Lo que nos ordenaron a ti no te importa, ya te hemos salvado el pellejo, deberías estar agradecido.
- ¿Pero donde voy?¿Que hago?
- Eso no es nuestro problema, puedes intentar llegar al cuartel que está a pocos kilómetros, pero perdimos la comunicación hace días, estaban siendo atacados.
Sea como sea con nosotros no te puedes quedar, prueba suerte por ahí. Y aléjate de las ciudades, ya has visto que están infestadas de esos mal nacidos.
- Bueno, pues me piro. Que os den.
- ¡De nada!

Serán mamones, ojalá se los coman los zombis. Putos militares. Da lo mismo, por lo menos sigo con vida y ya no tengo a una legión de zombis detrás mío. Estoy cansado, me duele el hombro, la cabeza, los oídos también pero menos, empieza a remitir un poco el dolor. Será mejor que busque un sitio para descansar.

Continúo andando por la autovía, dentro de poco llegaré a zonas con urbanizaciones y zonas de chalets dispersos. Conozco una zona donde hay chalets alejados unos de otros, solía ir por allí de ruta con la bici los fines de semana. Supongo que es mejor que busque refugio en uno de esos chalets, en un par de horas andando estaré allí.

Tengo sed, hambre y estoy cansado. Pero sigo vivo.

Realidad

domingo, 20 de septiembre de 2009

Cuando uno toca con la mano la pared, nota que está fría, que está ahí, que es real.

Levantarse por la mañana, saludar al vecino, llegar a trabajar, hablar de lo cotidiano, encender la televisión, te indica que estás en el mundo real, en tu mundo real.

Si un día, no puedes encender la televisión, no puedes levantarte para ir a trabajar, no hay vecinos a los que saludar, no hay nadie con quien hablar. ¿Es real?. ¿Que le ha pasado a la realidad?. ¿La han cambiado por otra?. ¿Dónde está la realidad en la que vivías, en la que te sentías seguro?

Puede que todo esto no sea real, que mi realidad esté esperándome, escondida, jugando conmigo. Pero alargo la mano y toco la pared, está fría, se que es real, se que lo está está fuera esperándome es real, se que es mi nueva realidad.